
Hoy venía en el colectivo... y de repente adoré el hecho de no haber tenido jamás la guita para hacerme una rinoplastía. Ahí estaba, sacando boleto: Una nariz modelo 90. De ésas que yo quería. Chiquitita, con la punta bien finita levemente hacia arriba, rodeada por una cara de otro planeta. La cara de una doña de sesentilargos, con las canas duras y largas teñidas de rubio y los labios regordetes, así, bien noventosos, separados por una pulgada de de piel de la nariz. Tanto peso se ve que tira los labios para abajo y las clonadas de la década mememememenista tienen la cara más larga que cualquiera. Se me paró al lado. Y como yegua que soy... le miré atrás de las orejas. Ma-Mi-Ta. Eso de ahí atrás no era el reverso de una oreja. Era una costura de bolsa de harina! Entre las arrugas de los dedos se asomaban unos anillos anchos... y las manos le delataban la edad... feo. Atrás de ella subió una señora de la misma edad. Llevaba el pelo a los hombros, teñido de un color como avellana, la cara tenía arrugas pero le quedaban bien y aunque tenía una nariz un poco aguileña, era miles de veces más linda y más interesante que la que se quedó en los 90. Y claro, se puede cambiar la cara, se puede cambiar el auto, el tema es que al auto lo podés volver a cambiar. A esta vieja no le entraban más costuras atrás de la oreja... así que ahí va dos décadas después, con la cara pasada de moda.La vieja del bondi era más o menos igual a éstas ex-último modelo... misma ñata... misma boca... mismo espacio kilométrico entre boca y nariz.... misma actitud, pero en bondi.


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